Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas.
Pablo Neruda

sábado, 10 de septiembre de 2011

Camino al infierno

Esta vez no voy a escribir del amor, la soledad, de las estupideces que me suceden en la vida y ni las que me pasan por la mente. Hace tiempo que me retumba incesantemente en la cabeza el montón de ideas que estoy a punto de expresar en este ensayo a modo de catarsis anímica, porque esta vez no puedo más y quisiera gritar de frustración, de desesperación y de impotencia.

Estoy harta de ver la realidad de mi País. Estoy cansada de leer los periódicos y escuchar las noticias al grado que llega el momento que quisiera callar los medios de comunicación, hacerme sorda, ciega, apática hasta lo más hondo. Olvidarme de pronto que todo eso existe y que la inseguridad, la pobreza, la corrupción y la resignación son el día a día para muchos mexicanos. Me pongo a pensar y me pregunto ¿cuántos más hay como yo? ¿Cuántos somos egoístas y pensamos solo en nuestra propia vida y en la de nuestros seres queridos? ¿Cuántos decimos “pero no esta tan mal”, “está igual que siempre”? Me parece inconcebible esta situación y aun peor la manera que todos tenemos de reaccionar ante ella. Es por eso que, aunque no cambie nada el hecho de expresarme aquí, quisiera hacerlo y me gustaría saber si mis palabras encuentran eco en algún sitio.

Me gustaría llegar a una conclusión a partir de un análisis de la psicología del mexicano. En la mayoría de los casos, el mexicano es humilde. Desafortunadamente no es en la totalidad de los mexicanos porque la sociedad va rumbo a la putrefacción gracias a la gente con dinero, a mis queridos empresarios. El hijo promedio del empresario es gente que se siente superior por manejar un carro tal o vestirse con una marca particular, o frecuentar los restaurantes más caros. Ese problema genera personas que mitigan su complejo de inferioridad con bienes materiales. Gente que se dedica a discriminar al resto de las personas (casualmente sus compatriotas), quienes desafortunadamente no tuvieron la suerte de nacer en una cuna adinerada; porque lo que diferencia a un “hijo de papi” de un “niño de la calle” es solo eso, pura probabilidad, suerte.

Pero seamos claros, no es la culpa de los “hijos de papi” el ser pedantes y tener poco cerebro, es culpa del sistema. El sistema ha creado seres así, la desigualdad social nos ha llevado a discriminarnos entre nosotros mismos. ¡Qué tristeza ver a una sola raza atacándose entre sí!

Imaginemos una situación hipotética donde “el hijo de papi” se diera cuenta que con hacer 10% menos de ganancia e incrementar en esa medida el sueldo de su proletariado contribuiría a la satisfacción de todos sus empleados y que eso probablemente le generaría una mayor producción. ¿Qué pasaría si cuando vas a un establecimiento público no te vetaran por llevar una falda amarilla o unos zapatos de Walmart y simplemente te valoraran como un consumidor como cualquier otro? Porque a final de cuentas vas a consumir y no a modelar, en principio. ¿Qué pasaría si nos consideráramos todos igualmente mexicanos? Si un día lográramos abrir los ojos y darnos cuenta que la realidad que vivimos está en esa condición porque nos empecinamos en diferenciarnos y no en unificarnos. Tal vez las cosas cambiarían (¿?).

Viendo a mi México desde afuera y desde adentro, objetivamente veo un país de gente que tiene algo muy particular, que no he podido sentir aun en otras culturas: el mexicano es ambicioso, siempre quiere más. Le encantaría tener una mejor casa, un mejor coche, una mejor vieja… Y ahí está lo que mueve al País, gente de piel bronceada con ganas de superarse en algún aspecto, económico, físico, social, etc.

¿Será posible que solucionar el problema del narcotráfico está en nuestras propias manos? Quisiera que alguien me contestara, ¿cuántos de nosotros estaríamos interesados en arriesgar a diario nuestras vidas por un trabajo bien remunerado? En caso de necesidad, yo creo que todos. Y para un mexicano ambicioso, con mayor razón. Justamente es ese el talón de Aquiles de México, por eso hay tanto narcotraficante. Si a un trabajador, el empresario le proporciona un sueldo respetable, acompañado de una situación laboral decente, no habría quien estuviese interesado en salir a robar, a matar, a traficar droga, a vender seguridad, a secuestrar, a meter cuerpos en tambos y prenderles fuego, a desaparecer mujeres, y así, una lista interminable de delitos todos fruto de una sociedad con un gobierno detestable que se dedica a enriquecerse a sí mismo y a sus empresarios y de paso a hacerle favores a su vecino del norte. Porque hay que reconocer que México está en esta situación por diversas causas y una, nada despreciable, es la demanda de droga por parte de la primera potencia mundial, los Estados Unidos.

Los mexicanos somos por naturaleza amables, despreocupados, alegres, pero esta naturaleza es hoy nuestro peor enemigo. Mientras cada uno estemos bien y no nos toquen a los nuestros, podemos seguir igual: trabajando más de cuarenta horas semanales a cambio de sueldos miserables, sin vacaciones y encima de todo sufriendo un pésimo sistema de transporte público, la inseguridad social que nos embarga 24/24 y 7/7, que no respeta ni sexo, ni clase social. Hasta hace algunos ayeres, la inseguridad sólo concernía a los adinerados, hoy en día nos toca a todos por igual, no hay distinción de sexo ni de edad. Encontramos igual mujeres desaparecidas que jóvenes asesinados o niños criminales.

Me parece un insulto y por demás insoportable el ver la cultura infinitesimalmente diminuta que nuestro gobierno nos proporciona a través de sus instituciones de docencia y medios de comunicación. Hay maestros que ni siquiera cuentan con una cultura suficiente para pronunciar o escribir la lengua oficial correctamente. Los libros oficiales enseñan lo mismo cada año. Y en la televisión lo único que se puede ver son las telenovelas que vienen en todas las presentaciones, para niños, para jóvenes, las cómicas, las dramáticas, las de ricos, las de pobres… Pero cuando se terminan las telenovelas, y uno no puede pensar que no puede haber algo peor, vienen los programas de comedia y los de chismes. Todos en doble y hasta triple sentido, con mujeres frondosas de largas cabelleras y pechos plásticos. La moda ahora es ver los videos de borrachos, el de “fua”, el de “tómala papa” y muchos otros que circulan reflejando nuestra realidad. ¿Es acaso esta nuestra cultura mexicanos? El alcoholismo reflejado en los videos de los cuales tanto disfrutamos es solamente un reflejo de la realidad que vivimos y que nos resignamos a no cambiar y pretendemos olvidar momentáneamente con alcohol y chistes. ¿Dónde quedó el guerrero azteca, el indígena sabio, el campesino sencillo y humilde? ¿Por qué nos empeñamos en dividirnos en nacos y fresas, en indígenas y criollos, en rubios y morenos, en pobres y ricos?

Haría falta una revolución, pero una revolución verdadera, un cambio de fondo, con líderes cultivados y desinteresados. Pero claro, quién va a tener las agallas para convertirse en ese líder si todos terminan con una bala en la cabeza. El problema es que ellos están solos, los dejamos solos, nos morimos de miedo y los dejamos morir literalmente. Nunca alzamos nuestras voces, nunca gritamos justicia, todos nos conformamos al final con nuestra pequeña vida, nuestro pequeño empleo y nuestra ínfima seguridad social.

Yo de verdad, me considero la persona más ignorante en términos de política. Leo los periódicos pocas, poquísimas veces a la semana, no sé de geografía o de historia, pero no se tiene que ser un gran economista o el estudiante más brillante de Ciencias Políticas para darse cuenta que hay algo que no funciona en la sociedad mexicana y que debe cambiar antes de que sigamos cavando el camino al infierno.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Otra carta




Mientras se gesta mi próxima producción, no pude dejar de compartir con Ustedes este fabuloso poema que llevo horas sin dejar de leer y releer y releer... Hasta la noche...

Siempre estás a mi lado y yo te lo agradezco.
Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste
—untado con el bálsamo para la tristeza como para morirme—
apareces distante, intocable, junto a mí.
Me miras como a un niño y se me olvida todo
y ya sólo te quiero alegre, dolorosamente.
He pensado en la duración de Dios,
en la manteca y el azufre de la locura,
en todo lo que he podido mirar en mis breves días.
Tú eres como la leche del mundo.
Te conozco, estás siempre a mi lado más que yo mismo.
¿Qué puedo darte sino el cielo?
Recuerdo que los poetas han llamado a la luna con mil nombres
—medalla, ojos de Dios, globo de plata,
moneda de miel, mujer, gota de aire—
pero la luna está en el cielo y sólo es luna,
inagotable, milagrosa como tú.
Yo quiero llorar a veces furiosamente
porque no sé qué, por algo,
porque no es posible poseerte, poseer nada,
dejar de estar solo.
Con la alegría que da hacer un poema,
o con la ternura que en las manos de los abuelos tiembla,
te aproximas a mí y me construyes
en la balanza de tus ojos,
en la fórmula mágica de tus manos.
Un médico me ha dicho que tengo el corazón de gota
-alargado como una gota- y yo lo creo
porque me siento como una gruta
en que perpetuamente cae, se regenera y cae
perpetuamente.

Bendita entre todas las mujeres
tú, que no estorbas,
tú que estás a la mano como el bastón del ciego,
como el carro del paralítico.
Virgen aún para el que te posee,
desconocida siempre para el que te sabe,
¿qué puedo darte sino el infierno?
Desde el oleaje de tu pecho
En que naufraga lentamente mi rostro,
te miro a ti, hacia abajo, hasta la punta de tus pies
en que principia el mundo.
Piel de mujer te has puesto,
Suavidad de mujer y húmedos órganos
en que penetro dulcemente, estatua derretida,
manos derrumbadas con que te toca la fiebre que soy
y el caos que soy te preserva.
Mi muerte flota sobre ambos
y tú me extraes de ella como el agua de un pozo,
agua para la sed de Dios que soy entonces,
agua para el incendio de Dios que alimento.

Cuando la hora vacía sobreviene
sabes pasar tus dedos como un ungüento,
posarlos en los ojos emplumados,
reír con la yema de tus dedos.
¿Qué puedo darte yo sino la tierra?
Sembrado en el estiércol de los días
miro crecer mi amor, como los árboles
a que nadie ha trepado y cuya sombra
seca la hierba, y da fiebre al hombre.

Imperfecta, mortal, hija de hombres,
verdadera,
te ursupo, ya lo sé diariamente,
y tu piedad me usa a todas horas
y me quieres a mí, y yo soy entonces,
como un hijo nuestro largamente deseado.

Quisiera hablar de ti a todas horas
en un congreso de sordos,
enseñar tu retrato a todos los ciegos que encuentre.
Quiero darte a nadie
para que vuelvas a mí sin haberte ido.

En los parques, en que hay pájaros y un sol en hojas por el suelo,
donde se quiere dulcemente a las solteronas que miran a los niños,
te deseo, te sueño.
¡Qué nostalgia de ti cuando no estás ausente!
(Te invito a comer uvas esta tarde
o a tomar café, si llueve,
y a estar juntos siempre, siempre, hasta la noche.)


JAIME SABINES

martes, 2 de agosto de 2011

Silent Friday

Lanzando un grito sordo, como el árbol que cae en un bosque donde no hay nadie para escucharlo, sigo reforzando mi estúpida cualidad de proteccionismo, desgastándome lentamente mientras prosigo a evadir el hecho de la que necesita protección soy yo misma. Eso me entristece...

Me gustan las cuatro de la mañana, todo es tan silencioso, tan tranquilo, tan en paz. No se escucha nada más allá del silencio hueco y sordo que rodea mi vida hoy. Es como vivir abducida en tu propia vida y pretendo, sin éxito, romper ese silencio pronunciando las palabras que den sonido a lo que siento. Ahora, cuando la ciudad y yo intercambiamos experiencias, respiramos aire y nos detenemos a flotar sobre el tiempo. Ahí cuando todo es silencio, cuando los semáforos se encienden y cambian de color pero no hay a nadie a quien esto le interese, es cuando ambas sentimos la profunda respiración de la vida recorrer nuestra piel asfáltica como una caricia que se introduce por entre nuestros sentidos. Y mientras evoco el arrullo de las cigarras en mi mente, me disfrazo de nadie y me vuelvo transparente como el viento, sobrevuelo las calles húmedas, sola, siempre sola, respirando el hedor de la fresca lluvia y escuchando el palpitar de mi sangre recorriendo mi cuerpo etéreo y ligero. Me permito experimentar la sensación de la lluvia que cae tersamente sobre mis ojos, y me moja el alma deslavando la frustración de no tenerte entre mis brazos. La lluvia compensa tu ausencia, las gotas besan tiernamente mis labios e imagino que son los besos que Zeus dejaba caer sobre Hera, fecundándome los sueños, esos sueños de los que me intento agarrar como si fueran un globo de helio que me saca a flote cuando siento que me estoy ahogando en un cumulo de responsabilidades, compromisos y soledades.

Incesablemente me pierdo tratando de hallar las palabras adecuadas que describan esta sensación de ausencia de futuro, la deriva de un amor platónico, mi necesidad de verte y lo infinito de la compañía de tu recuerdo. Incurablemente infectada de tu embrujo, intento aplicar mi vieja e infalible técnica de olvidar el pasado utilizando el futuro como antídoto; pero no encuentro manera de envenenar ese sentimiento para el que aún no encuentro ningún nombre. Y aquí me encuentro pisando el futuro y aferrada al pasado, imaginando que te encuentro en un tiempo sin fecha, en un futuro después del futuro.

Pero mientras el futuro llega, la vida sigue y no me gusta detener el abatir de mis alas. Y es aquí donde debo alzar el vuelo y dejar al tiempo y al destino realizar el trabajo que a mí no me toca. Así es como me cubro de una manta que no es la que busco y beso unos labios que no son los tuyos, tratando de encontrar un poco de empatía que me brinde la ternura que tanto añoro. Indescriptible es la frustración que siento al calor de esos brazos que me estrechan con calidez y delicadeza, mientras mi mente se encuentra lejos revoloteando entre tus recuerdos.

Tanto tiempo sin sentir tu cálido oleaje y tu espuma que evoca caricias, que me parece increíble que mi memoria te retenga con tanta aprehensión. A veces pienso que me infecté del mismo cólera de Florentino Ariza. Por una razón que no comprendo, mi mente no te deja ir y aún sigo trayendo flores a la tumba donde nunca te moriste.

sábado, 9 de julio de 2011

G-R-A-C-I-A-S


Alguna vez alguien me dijo que nunca había conocido a alguien que festejara tanto y tantas veces su cumpleaños como yo, y es cierto. Constantemente repito que hoy es un día histórico, el día que nacieron todas las flores. Fuera de broma, y lejos de ser una alusión al egocentrismo, tengo una razón para hacerlo.

Por supuesto que en 30 años he llorado, me he caido, he sentido frustración y desamor, pero eso es la vida. Afortunadamente no he estado sola y he tenido siempre detrás de mi a dos personas nobles con una gran energía interna y una fortaleza que no he encontrado igual en el mundo. Ellos son los responsables de sostener el arcoiris por donde camino sin prisa y sin pausa hacia mis sueños más preciados.

Tengo a mi hermano, alguien a quien le agradezco tener eso que a mi me ha faltado y por lo cual pienso que somos como elementos complementarios.

Mi vida no seria ni la mitad de lo maravillosa que es sino fuera por mis amigos. Todos y cada uno de Ustedes, los que se encuentran conmigo en el día a día, los que estan allá lejos, a los que llevo en mi corazón y en mi pensamiento, en mi ser, los que han cambiado mi forma de pensar, los que nunca me han dejado sola cuando me estoy cayendo, los que me apoyan en mis locuras y los que son cómplices en mis travesuras, quiero que sepan que son Ustedes los que me dan la energía y la alegría para vivir cada instante y no parar de apreciar el elixir que encuentro en el oxígeno de cada día.

Por los treinta años que hemos pasado juntos, a todos Ustedes que con o sin darse cuenta me han hecho lo que soy, les quiero dar las gracias y todo mi reconocimiento. Ustedes son para mi esas gotitas de lluvia que caen siempre el 8 de julio, las que me lavan las tristezas y me fecundan el alma edulcorándome la vida y llenándola de música y movimiento.


G-R-A-C-I-A-S


Once somebody told me that he had never knew anybody who celebrated so much and so many times her brithday like me, and it’s true. I’m constantly repeating that today is historic day, the day that all the flowers were born! Joking a-side and far from making an allusion to egocentrism, I have a reason to do it.

Of course that in 30 years I have cried, fell, been frustrated, felt lovesick, but that is life. Fortunately I have not been alone and have always had behind me the two extremely kind people, both of great internal energy and a strength of spirit that I have never found in anybody else. My parents are responsible of holding up the rainbow above which I walk without rush nor pause towards my most precious dreams.

I have my brother, for whom I am thankful for having that which I lack and because of which I think we are complementary elements.

Mi life will not be half as marvelous as it is without you, my friends. Each and every one of you, those who are with me daily, those who are far away, those who I keep in my heart and in my mind, those who have changed my point of view, those who have never let me down when I’m falling, those who support my crazy acts and who share with me my pranks, I want you to know that it is you who give me the energy and the happiness to live every moment and make me not to stop to appreciate the elixir I found in the oxigen of every day.

For these thirty years that we have spent together, to you all who with or without noticing have made me what I am, I want to thank you and give you all my reconnaissance. You are for me the drops of rain that fall each 8th of july, those that wash away the sadness and fertilize my soul edulcorating my life and filling it with music and movement.

domingo, 12 de junio de 2011

When I look back on my ordinary, ordinary life… Jamie Cullum

Advertencia: Las identidades verdaderas de los personajes de esta historia han sido modificadas para proteger su privacidad.

No sé cómo he llegado hasta aquí, tengo seis meses de vivir, sentir, llorar, amar, bailar, cantar, reír, todo intensamente. Me gusta imaginar mi vida como un cuento de aventuras. Un libro con diferentes episodios como el del concierto de la Tout Puissant Orchestre POLY-RYTHMO, el capítulo del judicial galáctico, el del viaje en velero hasta Ibiza, y algunas otras historias que debo censurar por ser contener un exceso de travesura. Soy una exagerada, y me divierto siempre añadiendo los ingredientes de picardía o espontaneidad necesaria a mis aventuras para convertirlas en historias fantásticas y luego revivirlas cuando las comparto con mis amigos y saborearlas de nuevo.

Hace un par de fines de semana viví otra aventura, fue algo muy particular para mí porque no involucro ningún co-estelar, solo fui yo. Tal vez sea solo una impresión, pero creo que en esta sociedad que tiene impregnada la cultura de Walt Disney hasta el tuétano, la ausencia de un co-estelar puede resultar a los interlocutores pesado y aburrido. Aunado también al hecho de que hablar de mi me resulta tremendamente lánguido (ojo, no así escribir de mí). Es por ello, queridos lectores, que son ustedes quienes sufrirán el lánguido relato que me dispongo a contarles.

Todo comenzó hace un par de meses cuando compre un boleto para el concierto de un simpático y joven jazzista inglés de nombre Jamie Cullum (este nombre no ha sido alterado, porque él ya es un personaje público). Esta vez no compre dos boletos como suelo recurrentemente hacer cuando voy a conciertos. El motivo principal fue porque el evento se desarrollaría en un lugar muy muy muy lejano de Paris (aproximadamente 300km) llamado Coutances. Encontrar un incauto(a) para ir a un concierto cualquier noche en Paris es fácil, pero encontrar un incauto(a) que se quiera levantar temprano para conducir tres horas de autopista para ir a un concierto y regresar padeciendo tres horas de autopista antes de llegar a su cama puede resultar una misión un tanto más complicada. Así es que esta vez fue solo uno, un único boleto.

El sábado me desperté tarde, tardísimo. Sin ducha ni desayuno, salte sobre mi auto rentado que azarosamente resulto ser un SMART. Los SMART tienen un velocímetro que llega a 160km/hr. Yo he manejado diferentes automóviles, no es por presumir, casi siempre a velocidades vertiginosas. Si, debo aceptarlo, me gusta la velocidad. Cuando a un auto le “duele” la velocidad a la cual lo aceleras empieza a temblar, a hacer ruidos raros y sientes que la carrocería va a comenzar a desprenderse en cualquier momento. A mi pobre SMART lo levante hasta 150km/hr (y puede ser que un poquito más) sin ninguno de estos síntomas, solo así pude llegar justo a tiempo al concierto.

Una vez en el sitio indicado, encontré una fila enorme que le daba la vuelta a dos cuadras del diminuto centro de la pequeña ciudad de Coutances. Yo, como soy una persona que detesta hacer fila, decidí sentarme tranquilamente a tomar una cervecita y fumarme un cigarrito mientras todos los estresados parisinos y el resto de los integrantes de la fila llegaban plácidamente a sus asientos denominados “placement libre”. Una vez terminada la cola, Merypi entró tranquilamente y se sentó en un pasillo de escaleras, por lo que la vista era espectacular y podía ver a mi novio Jamie en su máximo esplendor.

El concierto no pudo comenzar mejor: una canción de Sinatra (¡caray, como me hubiera gustado haber podido ir a un concierto de Sinatra!): ”Kick out of you”. Cuando la segunda canción de un concierto es tu favorita, sabes que ese concierto no lo olvidarás nunca. “Mind Trick” fue la segunda canción. Yo pude haber escrito esa cancion: “I miss the opportunity to make you stay with me” y después viene la cura de todo amor frustrado, ¿cuál? MÚSICA, ¿hay algo más?

Sin duda el concierto fue siempre en aumento de calidad. Jamie tocó “What a difference a day made” y termine derritiéndome. No me pude contener un minuto más y no pude hacer otra cosa que gritarle “I love you Jamie!”. Es curioso el efecto de Fernando Delgadillo y Jamie Cullum cada vez que les grito esto en sus conciertos, siempre responden: “me too!” Siempre pasa lo mismo, es como si estuviera todo ensayado: yo grito, ellos responden, se escuchan las risas del público y segundos después miles de “me too” y “me too” de toda la bola de poco creativas admiradoras que al escuchar mi expresión de mucho afecto y poca censura deciden volverse extrovertidas tan de repente…

Twentysomething” no se hizo esperar, así como tampoco el “after years of expensive education” I’ve realized that “the world don’t need scholars as much as I thought”… Sigh!

Jamie toco como siempre y como nunca. Siempre tan espontáneo, descendió del esenario en medio de la audiencia junto con toda su banda a tocar una canción. Fue simplemente maravilloso. Justo a medio concierto canto esa canción que relata la historia de una persona que está sola frente al mar, solo con sus pensamientos. Sin amigos, sin teléfono, bebiendo y durmiendo solo. En realidad el concierto fue tan mío, como no pudo haber sido ningún otro. Me canto mi canción: “And the wind cries Mery” y yo sintiéndome “the weeping queen” buscando a su “king without wife”.

Por último canto la mejor canción que se haya escrito nunca jamás: “Under my skin”. Para este entonces yo ya estaba en un estado indescriptible de éxtasis total...

Muriendo de hambre y al mismo tiempo abochornada por la cantidad de personas que se pudieron esparcir en la reducida plaza central del ya muchas veces aludido Coutances me dirigí a comprar un gran jugo de frutas y una bandeja de sushi que lleve directamente al carro para comerme en algún sitio alejado de la civilización con un cielo azul en frente de mí y un horizonte amplio, despejado pero sobretodo, verde. Satisfecho el apetito, decidí hacer lo que más me gusta hacer en la vida: ¡conducir rumbo al mar! Pero esta vez venía preparada, traía conmigo mis dos amores: mi gran angular y mi macro. Así fue como pase el resto de la tarde conduciendo, y deteniéndome a tomar fotos, conduciendo un poco más y volviéndome a detener. Una y otra vez repitiendo el ciclo incansablemente hasta llegar a una pequeña playa donde me quite los zapatos y me puse a caminar hasta donde se acaba el mundo...

La verdad fue un día tan exquisito para mí (hice todo lo que me gusta hacer, conducir, cantar, ver llover, conducir bajo la lluvia, ver a un extraordinario artista comunicarse con su instrumento, leer, comer delicioso y tomar fotos). Siempre he pensado que la vida no se disfruta igual cuando la compartes con alguien, siempre he estado convencida de que en compartir tu tiempo se encuentra la esencia de la felicidad, pero después de este estupendo día, creo que aprendí algo. Algo que en realidad me da miedo, y es que puedo pasarlo tan bien sola…



domingo, 5 de junio de 2011

Luna


Tu luz no es cualquiera,

tu esplendor hipnotizante,

ciclo incesante.

Cuando más me faltas, más te añoro

bañando mi cuerpo

con tu luz cambiante

que me embruja las ideas.


Y aquí yacemos tu recuerdo y yo

cobijados por el mismo cielo estrellado

añorando el tenue resplandor

que tiñe mi piel de paz

con un dulce manto blanco.


En la obscuridad de la luna nueva,

sólo se escucha el silencio.

Tu recuerdo se vuelve precario,

y todo sentimiento, inútil y vacío.

Sólo queda una obsesión irrelevante

y un sentimiento condenado a muerte

que vaga en la ambigüedad de un genuino idealismo.


Enamorada de tu tenue ilusión,

no me queda nada más que esperar:

Esperar que los gatos dejen de hacer ese ruido estridente,

esperar que tu recuerdo se seque,

esperar que tu cambiante orden concertado

traiga a mí de nuevo la luz de luna llena.


No me explico el origen de esta esperanza

que me llena el corazón de una energía delirante

y me ilumina el rostro de una sonrisa

que aún no se desgasta de tanto usarla.