Esta cancion siempre me ha gustado, tal vez por la ultima linea, tal vez porque se nota que se fumaron un porro para escribirla, tal vez por que no habla del amor como el 80 por ciento de las canciones del planeta... Definitivamente por todas las anteriores :)
Me gusta porque me hace sentir libre, sin ataduras de una supuesta moral ni de reglas innecesarias.
Wasn't Born To Follow, Carole King
Oh, I'd rather go and journey where the
Diamond crescent's flowing
And run across the valley
Beneath the sacred mountain
And wander through the forest
Where the trees have leaves of prisms
That break the light up into colors
That no one knows the names of
And when it's time I'll go and wait
Beside the legendary fountain
Till I see your form reflected
In its clear and jeweled waters
And if you think I'm ready
You may lead me to the chasm
Where the rivers of our visions
Flow into one another
And I'll stay awhile and wonder
At the mist that they've created
And lose myself within it
Cleanse my mind and body
And I know at that moment
As I stand in that cathedral
I will want to dive
Beneath the white cascading water
She may beg and she may plead
And she may argue with your logic
Mention all the things I'll lose
That really have no value
Though I doubt that she will ever
Come to understand my meaning
In the end she'll surely know
I wasn't born to follow
domingo, 22 de noviembre de 2009
jueves, 1 de octubre de 2009
¿Por qué será?
¿Por qué será que me siento protegida entre los pequeños edificios de París y las callesitas estrechas? Lejos de todo y de todos, como dice Sabines, sola, sola, sola. Con solo el cielo sobre mi y esas nubes que van y vienen tan blancas como grises, con ese viento tan frío que envuelve mi tibia piel y mi cálido corazón? ¿Por qué será?
sábado, 5 de septiembre de 2009
Todo es azul, todo el tiempo
Como quisiera quedarme aquí
Eternamente hundida entre azul mar y azul cielo
Naufragando en un sitio donde el agua te mece,
El viento te abraza,
Y el sol te calienta tiernamente.
Mis ojos perdidos se cuelgan en el horizonte turquesa.
El mundo del que vengo se apaga detrás
Mientras que el mar, inquieto e impredecible,
Me arranca con su fuerza todos los dilemas,
Todas las preguntas, todas las angustias.
Una mezcla de agua y sal erosiona con su vaivén todo lo que me aturde y me ata.
El mar me vuelve libre.
De un trago me bebo todo el azul que puedo con la mirada
Y pareciera que hubiera suficiente agua y suficiente atmósfera
Como para diluir todo el dolor que llevo dentro.
Y me vuelvo ola,
Y un viento me levanta,
Y me eleva alto,
Y luego caigo y exploto en un dulce estallido de espuma que efervesce hasta desaparecer fusionada en el Gran Azul que la arrulla dulcemente.
Mery Piña
Eternamente hundida entre azul mar y azul cielo
Naufragando en un sitio donde el agua te mece,
El viento te abraza,
Y el sol te calienta tiernamente.
Mis ojos perdidos se cuelgan en el horizonte turquesa.
El mundo del que vengo se apaga detrás
Mientras que el mar, inquieto e impredecible,
Me arranca con su fuerza todos los dilemas,
Todas las preguntas, todas las angustias.
Una mezcla de agua y sal erosiona con su vaivén todo lo que me aturde y me ata.
El mar me vuelve libre.
De un trago me bebo todo el azul que puedo con la mirada
Y pareciera que hubiera suficiente agua y suficiente atmósfera
Como para diluir todo el dolor que llevo dentro.
Y me vuelvo ola,
Y un viento me levanta,
Y me eleva alto,
Y luego caigo y exploto en un dulce estallido de espuma que efervesce hasta desaparecer fusionada en el Gran Azul que la arrulla dulcemente.
Mery Piña
lunes, 3 de agosto de 2009
La aventura del 65 por Mery Piña
Estaba cansada cargando un pesado equipaje después de viajar un par de horas y atravesar 750 km encerrada en un tren de alta velocidad. Me encontraba dando vueltas sobre las cinco cuadras que rodeaban la estación de Gare de l’Est. Al final de mucho andar, encontré la parada de mi tan buscado autobús: el sesenta y cinco.
Al subir, sentí como si me sumergiera en un catalogo de grupos raciales humanos. Indus, coreanos, colombianos, senegaleses, chinos, búlgaros, marroquíes, mexicanos, en fin, el mundo entero comprimido en 15 m2 en pleno e íntimo intercambio de partículas aromáticas: olor a humanidad en su máximo esplendor. Yo procuro quedarme adherida al tubo mas próximo del portón automático que abre y cierra a cada parada dejando entrar una bocanada de aire fresco. Todos los viajeros con los que comparto esta globalizada experiencia me piden que me mueva y yo trato de comprimirme y casi fusionarme al tubo que se encuentra estratégicamente ubicado a modo de agarradera. Prefiero soportar todas estas educadas sugerencias y el roce gozoso de los caballeros que al descender se frotan premeditadamente contra mi trasero, que ir a postrar el mismo en alguno de esos brillantes asientos, los cuales, obviamente no brillan de limpios, sino de mugre.
Me entretengo observando la riqueza étnica en medio de la cual me encuentro mientras un hindú se entretiene sacándose un moco con singular alegría y poca vergüenza. Más allá un árabe tose y un negro arroja un gargajo que le molestaba el cogote. Yo observo extasiada el intercambio de fauna microbiana que ocurre en ese microambiente móvil que circula en algún lugar de un gran PaRis.
Levanto un poco mi mirada y me encuentro con una pareja. Una tez blanca, casi transparente, es un francés que lleva de la mano a una joven de facciones angolenses. Sus miradas se cruzan y reflejan una ternura casi eléctrica que ilumina el aire que les circunda. Sobre una de las piernas de la mujer, un niño se abraza con fuerza. Es un niño de tez clara, si bien no blanca, tampoco negra, una piel perfectamente dorada y tersa que acoge unos ojos negros y redondos bajo unas pestañas espesas y largas. Y en ese momento imagino lo fabuloso que será el mundo en algunos años, tal vez algunos siglos o milenios cuando ese niño represente una sola raza, una sola cultura, una sola humanidad que incluya en si misma a todos, que respete y acepte, que construya y se ayude entre si. Una humanidad que de esperanza como la que reflejan sus brillantes ojos, una única humanidad.
Mery Piña
Al subir, sentí como si me sumergiera en un catalogo de grupos raciales humanos. Indus, coreanos, colombianos, senegaleses, chinos, búlgaros, marroquíes, mexicanos, en fin, el mundo entero comprimido en 15 m2 en pleno e íntimo intercambio de partículas aromáticas: olor a humanidad en su máximo esplendor. Yo procuro quedarme adherida al tubo mas próximo del portón automático que abre y cierra a cada parada dejando entrar una bocanada de aire fresco. Todos los viajeros con los que comparto esta globalizada experiencia me piden que me mueva y yo trato de comprimirme y casi fusionarme al tubo que se encuentra estratégicamente ubicado a modo de agarradera. Prefiero soportar todas estas educadas sugerencias y el roce gozoso de los caballeros que al descender se frotan premeditadamente contra mi trasero, que ir a postrar el mismo en alguno de esos brillantes asientos, los cuales, obviamente no brillan de limpios, sino de mugre.
Me entretengo observando la riqueza étnica en medio de la cual me encuentro mientras un hindú se entretiene sacándose un moco con singular alegría y poca vergüenza. Más allá un árabe tose y un negro arroja un gargajo que le molestaba el cogote. Yo observo extasiada el intercambio de fauna microbiana que ocurre en ese microambiente móvil que circula en algún lugar de un gran PaRis.
Levanto un poco mi mirada y me encuentro con una pareja. Una tez blanca, casi transparente, es un francés que lleva de la mano a una joven de facciones angolenses. Sus miradas se cruzan y reflejan una ternura casi eléctrica que ilumina el aire que les circunda. Sobre una de las piernas de la mujer, un niño se abraza con fuerza. Es un niño de tez clara, si bien no blanca, tampoco negra, una piel perfectamente dorada y tersa que acoge unos ojos negros y redondos bajo unas pestañas espesas y largas. Y en ese momento imagino lo fabuloso que será el mundo en algunos años, tal vez algunos siglos o milenios cuando ese niño represente una sola raza, una sola cultura, una sola humanidad que incluya en si misma a todos, que respete y acepte, que construya y se ayude entre si. Una humanidad que de esperanza como la que reflejan sus brillantes ojos, una única humanidad.
Mery Piña
domingo, 19 de julio de 2009
That's where I'm bound :)
Way over yonder, Carole King
Way over yonder is a place that I know
Where I can find shelter from hunger and cold
And the sweet-tastin' good life is so easily found
Way over yonder, that's where I'm bound
I know when I get there, 'cause the first thing I'll see
Is the sun shining golden, shining right down on me
Then trouble's gonna lose me, worry leave me behind
And I'll stand up proudly in a true peace of mind
Way over yonder is a place I have seen
It's a garden of wisdom from some long ago dream
Maybe tomorrow I'll find my way
To the land where the honey runs in rivers each day
And the sweet-tastin' good life is so easily found
Way over yonder, that's where I'm bound
Way over yonder, that's where I'm bound
Way over yonder is a place that I know
Where I can find shelter from hunger and cold
And the sweet-tastin' good life is so easily found
Way over yonder, that's where I'm bound
I know when I get there, 'cause the first thing I'll see
Is the sun shining golden, shining right down on me
Then trouble's gonna lose me, worry leave me behind
And I'll stand up proudly in a true peace of mind
Way over yonder is a place I have seen
It's a garden of wisdom from some long ago dream
Maybe tomorrow I'll find my way
To the land where the honey runs in rivers each day
And the sweet-tastin' good life is so easily found
Way over yonder, that's where I'm bound
Way over yonder, that's where I'm bound
jueves, 21 de mayo de 2009
Not all those who wander are lost
Some people just don't know anything about the sun,
Anything about being whatever you are,
but conscious and proud of it,
About having five senses and exploiting them,
About having inner music.
And this doesn't mean I know, I don't mean to, I don't want to.
It 's a matter of just life, breathing, crying, laughing: living.
Feeling pretty without necessarily being.
Sometimes I stop to think about my children
What would that be like?
I just can't imagine what an adventure will that be
with this mother they will have,
a mother with a butterfly-full chest.
Mery Piña
What is for sure, is that I've already drawn a spot in the sky
that hopefully will become a star when I arrive.
Anything about being whatever you are,
but conscious and proud of it,
About having five senses and exploiting them,
About having inner music.
And this doesn't mean I know, I don't mean to, I don't want to.
It 's a matter of just life, breathing, crying, laughing: living.
Feeling pretty without necessarily being.
Sometimes I stop to think about my children
What would that be like?
I just can't imagine what an adventure will that be
with this mother they will have,
a mother with a butterfly-full chest.
Mery Piña
What is for sure, is that I've already drawn a spot in the sky
that hopefully will become a star when I arrive.
martes, 19 de mayo de 2009
Cortorrelato
Parce ser que mayo, sin duda, sera uno de los meses literalmente mas productivos de mi vida... Aqui les dejo mi ultimo relato, aunque fue iniciado hace ya varios meses y creo que aun no esta terminado, no quero que me pase como "El angel sin alas" y se quede en la memoria de mi computadora durante 2 años sin terminarse. Mejor aprovecho esta buena racha de publicación y lo comparto con Ustedes:
Cortorrelato
Recorriendo sola las calles nocturnas de Bangkok, fumando un cigarrilo, envuelta en una gabardina negra, y sobre un par de botas altas, camino a través de la noche rompiendo el silencio con un eco sobre el piso mojado a cada paso que doy. La ciudad y yo establecemos una comunicación especial a esta hora en la que los faroles y anuncios multicromáticos nos iluminan. Ahora, cuando casi todos tienen una vida compartida, pasan su tiempo en un restaurante o disfrutando el calor de una compañía o tal vez una buena conversación, es ese el momento cuando la ciudad y yo intercambiamos experiencias, respiramos aire y nos detenemos a flotar sobre el tiempo. Ahí cuando todo es silencio, cuando los semáforos se encienden y cambian de color pero no hay a nadie a quien esto le interese, es cuando ambas sentimos la profunda respiración fría y húmeda de la vida recorrer nuestra piel asfáltica como una caricia que se introduce por entre nuestros sentidos. De vez en cuando, destellos de calor artificial provenientes del calefactor de algún bar abierto mitigan nuestra sed de calidez y de compañía. Ella con frecuencia me sugiere buscar a alguien para compartirla, pero ya lo hemos discutido muchas veces, le digo, prefiero mi ufana soledad a tu lado que una lánguida y asfixiante compañía.
Mery Piña
Cortorrelato
Recorriendo sola las calles nocturnas de Bangkok, fumando un cigarrilo, envuelta en una gabardina negra, y sobre un par de botas altas, camino a través de la noche rompiendo el silencio con un eco sobre el piso mojado a cada paso que doy. La ciudad y yo establecemos una comunicación especial a esta hora en la que los faroles y anuncios multicromáticos nos iluminan. Ahora, cuando casi todos tienen una vida compartida, pasan su tiempo en un restaurante o disfrutando el calor de una compañía o tal vez una buena conversación, es ese el momento cuando la ciudad y yo intercambiamos experiencias, respiramos aire y nos detenemos a flotar sobre el tiempo. Ahí cuando todo es silencio, cuando los semáforos se encienden y cambian de color pero no hay a nadie a quien esto le interese, es cuando ambas sentimos la profunda respiración fría y húmeda de la vida recorrer nuestra piel asfáltica como una caricia que se introduce por entre nuestros sentidos. De vez en cuando, destellos de calor artificial provenientes del calefactor de algún bar abierto mitigan nuestra sed de calidez y de compañía. Ella con frecuencia me sugiere buscar a alguien para compartirla, pero ya lo hemos discutido muchas veces, le digo, prefiero mi ufana soledad a tu lado que una lánguida y asfixiante compañía.
Mery Piña
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